Gonzalo Martner
Académico
Departamento Gestión y Políticas Públicas Usach
El vuelco conceptual a producir es que debe constatarse que el gasto más rentable es el preventivo, desde la maternidad y la infancia temprana, antes que el paliativo de reinserción desde la marginalidad. La Comisión Presidencial sobre Trabajo y Equidad ha entregado un informe que tiene varios méritos. No buscó un consenso artificial, sino que expuso de forma abierta las divergencias para su resolución por la esfera política, donde deben tratarse estos temas en democracia. Realizó un gran trabajo de recopilación de opciones y expuso algunos consensos importantes. Éstos dejan, sin embargo, una sensación poco sustanciosa para acometer la tarea principal: reducir las desigualdades en Chile. Es de lamentar que la mayoría de los consejeros, expresando las voces de derecha, no hayan aceptado la opinión de otros de ellos en el sentido de recomendar establecer metas de reducción de las disparidades de ingreso y de oportunidades en nuestra sociedad, así como umbrales garantizados tipo AUGE.En Chile se aceptan metas de inflación, pero no de equidad. Se exigen garantías a la propiedad del capital, pero no garantías de medios mínimos de subsistencia. Así va el país de las más bajas tasas de riesgo financiero y las más altas tasas de desigualdad. Así va la mayoría de sus elites, que por interés pecuniario y/o convicción neoliberal, a veces de reciente data, han abandonado la búsqueda de grados decentes de justicia social. Esto se refleja en varias consideraciones criticables. Afirma la comisión que los niveles de desigualdad varían muy poco en el tiempo ("esto es algo que se repite en todos los países") y que en forma simultánea dependen de la intensidad de las políticas sociales: ¿no bastaría entonces con hacerlas más intensas? Más allá de la contradicción, cabe subrayar que las desigualdades pueden variar, incluso de modo dramático en períodos breves. En las últimas dos décadas, como lo reseña el FMI en su más reciente World Economic Outlook sobre el tema, la desigualdad en las grandes zonas del mundo ha aumentado en el Asia en desarrollo, en la Europa emergente, en América Latina y en las economías avanzadas, pero ha disminuido, en algunos casos de manera sustancial, en el ífrica subsahariana, en Rusia y los ex países del Este. Digno de mención es que la desigualdad ha disminuido también en Brasil y México, aunque desde niveles muy altos, y en el sudeste asiático se ha mantenido en bajos niveles, mientras entre los países industrializados ha disminuido en Francia. Como se observa, la clave aún está en las opciones de sociedad que las democracias modernas procesan y no en una imposibilidad que la evidencia disponible no muestra y en la que pertinazmente se nos quiere hacer creer. Asumir esa clave supone partir por no seguir empleando el lenguaje neoliberal de crítica al "asistencialismo y la dependencia", como si no fuera legítimo que los niños, los discapacitados, las personas de edad y aquellos en dificultad sean asistidas como lo merecen. La única dependencia intolerable es la de los que deben aceptar cualquier cosa porque no tienen medios para subsistir y dependen de lo que encuentren disponible para no sufrir graves privaciones. El vuelco conceptual a producir es que debe constatarse que el gasto más rentable es el preventivo, desde la maternidad y la infancia temprana, antes que el paliativo de reinserción desde la marginalidad, cuando no desde la infracción de la ley. Es allí donde debe darse prioridad a nuevas metas.Insiste el informe, por otro lado, en validar cálculos de desigualdad que no incluyen los ingresos disponibles por habitante, lo que toda la metodología internacional recomienda hacer, y de esa manera la subestima. Pero lo más importante es que bien calculada ha disminuido recientemente (para 2006 el ingreso disponible del 20% más rico es 16,5 veces mayor que el ingreso del 20% más pobre, contra 18,4 veces en 1990), mientras mantiene cálculos incompletos del Ministerio de Planificación sobre la incidencia del gasto e ingresos públicos que no se avienen con estudios más rigurosos sobre el tema (como el de Engel, Galetovic y otros) y que cabría corregir con urgencia.Lo que cabe ahora es sobre todo apurar el tranco. Usando los datos de la última encuesta Casen, si por la vía de hacer más amplio y progresivo el sistema de tributación-gasto público (que simplificando mucho es el método más eficiente en el corto plazo para disminuir las desigualdades de ingreso), se redistribuyera 5% adicional del ingreso disponible del 20% más rico, la relación pasaría a la mitad, es decir a 8,6 veces. Éste ya es un nivel parecido a la media de las democracias industriales o de los países del sudeste asiático, aunque aún muy superior al de cuatro veces de las socialdemocracias nórdicas o de Japón.Las propuestas de la comisión en esta materia son tímidas (destaca un subsidio a los salarios bajos) y de aplicarse no incidirían sino de forma marginal en la desigualdad de ingresos, pero van en la buena dirección. Tímidas son también las propuestas laborales y las ambiciones desarrollistas, esenciales para reequilibrar la relación capital-trabajo y aumentar la prosperidad colectiva, y que se limitan a buenas proposiciones sobre corrección de las fallas de mercado en el financiamiento de las empresas pequeñas.
¿Por qué no aprovechar el impulso de este informe, plantearse metas de crecimiento y equidad para los próximos diez años de parte del Gobierno y discutirlas a fondo en vistas a la próxima elección presidencial?
Las predicciones en inflación de alimentos a nivel global no son nada alentadoras. Los 3 candidatos norteamericanos han manifestado ya su beneplácito para seguir apoyando la política de subsidios para el etanol (aditivo en los combustibles); lo consideran clave en su estrategia energética. Si a esto se agregan los factores relacionados con el aumento de la expectativa de vida y los cambios en patrones alimenticios de países asiáticos, nos lleva a una situación global de mayor presión sobre los precios de granos y cereales. Incluso países exportadores de estos productos los han restringido a través de impuestos y controles, lo que ha incidido en agregar más turbulencia. Este escenario base de riesgo debería ser el supuesto de trabajo de cualquier Banco Central. Así, los costos de la mayor inflación local (2,7 veces alejada del objetivo de inflación) se distribuyen asimétricamente a través de los quintiles. Mientras en los países desarrollados, la canasta de alimentos representa el 14% del gasto de los más pobres ("tienen un ingreso relativo mayor que les permite diversificar gasto"), en Chile dicho ratio alcanza al 50%. ¡Y no es un tema agobiante en el mundo desarrollado!. Lo ético es no arriesgar a los más pobres, que no pueden sustituir los efectos negativos de la inflación. Y si esto persiste, más chilenos volverán a caer bajo la línea de pobreza. En consecuencia, la mayor inflación esperada ya ha comenzado a ser internalizada en las expectativas del mercado.
Cuando las empresas se dieron cuenta que les era más rentable invertir en mantener sus actuales clientes, que conseguir nuevos, dieron origen al nacimiento del CRM (Customer Relationship Management), gestionando la relación tecnológicamente con los clientes a través de la utilización de bases de datos, entendiendo sus necesidades y preferencias individuales, es decir, segmentando al cliente. De esta manera, desarrolla estrategias diferentes para cada uno de ellos, dando más a aquellos que la empresa juzga lo merecen. Todo lo anterior, tiene una lógica. De esto se deriva la gran penetración que este tipo de sistemas ha tenido. Sin embargo, si leemos el libro "Not for bread alone" de Matsushita, él señala algo distinto, que amerita una reflexión. "Los clientes adinerados como aquellos que no lo son, tienen similares percepciones de aquellos productos/servicios que brindan calidad y status. Pero los primeros concurren a su tienda por rutina, por lo que si de verdad quiero crecer, debo focalizar los esfuerzos en los segundos." Matsushita explica, que el consumidor más humilde, estará feliz, que aunque sea de una gama diferente, estará orgulloso del producto y será una caja de resonancia en ese segmento, provocando el deseo de compra.
Con este nombre, sugestivo de una catástrofe, ha sido denominado el efecto que el alza de precios de los alimentos está teniendo hoy en los grupos pobres en el mundo. Como se sabe, los precios de los alimentos han tenido un alza muy significativa desde 2006. Así, por ejemplo, el índice nominal de precios que construye el Banco Mundial, alcanzó en 2007 un nivel de 145,7 (base enero 95=100) y se proyecta para 2008 que llegue a 155,7. El aumento sería de casi 7%. En Chile, el subgrupo alimentos del IPC ha crecido en doce meses a marzo en 17,6%. Para el subconjunto de los granos el valor de ese índice es de 147,1 en 2007 y se espera 161,4 para 2008. Dentro de estos últimos, la variación esperada del precio nominal del trigo este año es de 15,5% y del maíz 7,4%.
A partir del 1 de enero de 2009, los estados financieros de las empresas chilenas, deben ser preparados de acuerdo a las IFRS o Normas Internacionales de Informes Financieros (NIIF).Los riesgos de un cambio de estas características son diversos: natural resistencia al cambio, falta de coordinación entre los agentes participes y las necesarias adecuaciones de cambio cultural, las costumbres del país y los impactos de aplicar normas contables aplicables a países más avanzados (Unión Europea).