La Reducción de la Desigualdad
Gonzalo Martner
Académico Departamento de Administración Pública
Universidad de Santiago de Chile
Si nada se quiere hacer, es porque nada se quiere hacer para disminuir la desigualdad. Terminemos con los dobles discursos, declarémoslo con claridad y entonces que cada cual asuma su responsabilidad.
Desde la reciente campaña presidencial se ha hablado mucho sobre la necesidad de redistribuir los ingresos. Incluso un ex candidato perdedor forma hoy parte de la comisión que fue creada por la Presidenta Michelle Bachelet para hacer proposiciones en esta materia. Venimos arrastrando una persistente desigualdad de ingresos desde que en la década de 1970 se produjeron gigantescas transferencias de activos (contrarreforma agraria, privatizaciones) en beneficio de una minoría poderosa vinculada con la dictadura militar. La globalización de los mercados y varias crisis hicieron lo suyo, más tarde, para acentuar la concentración del capital productivo y financiero.
La más reciente encuesta Casen, cuya presentación oficial resulta algo confusa en sus criterios, revela una mejoría en la desmedrada situación chilena que es digna de destacarse. La distribución del ingreso autónomo por habitante entre el 20% más rico y el 20% más pobre -es decir, medida sin las transferencias públicas distintas de las pensiones- era de 19,7 veces en 1990 y de 21,3 veces en 2003. Se reflejó a esa fecha un deterioro en la distribución del ingreso primario (el que emana de la actividad económica) fruto del mal manejo de la crisis asiática y de sus efectos prolongados en el desempleo en nuestro país. Pero la buena noticia es que esta relación disminuyó a 19,3 veces en 2006.
La distribución del ingreso monetario o disponible entre el 20% más rico y el 20% más pobre -es decir, el ingreso que en definitiva está en manos de los chilenos- era de 18,4 veces en 1990 y de 18,9 veces en 2003. Estas cifras muy similares contrastaron con las del ingreso autónomo y reflejaron el buen impacto de una cierta focalización y expansión de los programas de transferencias monetarias. Aquí, de nuevo, la buena noticia es que esta relación disminuyó de manera importante a 16,5 veces en 2006, reflejando, probablemente, la mejoría en el empleo y en las transferencias a los más desfavorecidos.
No obstante, esta cifra sigue dejando al desnudo la enorme brecha de ingresos que todavía persiste (para no hablar de aquella en la posesión de activos productivos, que es aún mucho mayor). Cuando las cifras oficiales morigeran este dato sin considerar los ingresos por habitante (que es la variable pertinente, pues las familias más pobres son más numerosas y el mismo ingreso tiene que alimentar más bocas) o bien introduciendo de modo sólo parcial algunos gastos y recaudaciones públicas, equivocan el camino. La realidad hay que enfrentarla desnuda para poder actuar sobre ella y modificarla.
Hagamos un ejercicio simple con los datos de la Casen 2006: si por la vía tributaria y mediante subsidio directo se redistribuyera adicionalmente 5% del ingreso monetario disponible por habitante de los que pertenecen al 20% más rico hacia los que pertenecen al 20% más pobre, la relación entre sus ingresos promedio pasaría de las 16,5 veces mencionadas a 8,6 veces, es decir una cifra como la de EEUU (aunque este país no es de los más igualitarios si consideramos las 3,8 veces de Finlandia y Japón y las cuatro veces de Noruega y de Suecia).
En dinámica, este tipo de redistribución (que debiera organizarse desde los muy ricos a los que no tienen capacidad de ganarse la vida -niños, ancianos, discapacitados- o posibilidades de hacerlo debido a que están desempleados o enfermos) según los liberales plantearía un problema de incentivos que disminuiría el crecimiento. Esto no está probado en absoluto más que en sus dogmas, y debe dejar de ser un obstáculo mental, que es el que básicamente nos impide avanzar a una sociedad más igualitaria. La resignación es el mal nacional por excelencia de esta época de pragmatismos y dogmatismos mediocres.
Lo que nadie objetaría, pues no admite ningún problema de incentivos, es crear un fondo de redistribución de una parte de los excedentes del cobre que gastara sus intereses sólo para este fin, simplemente porque se declara prioridad nacional atacar directamente la desigualdad. A los fondos de estabilización y de reservas de pensiones ya creados por la Ley de Responsabilidad Fiscal, se podría agregar este fondo de redistribución en una ley de responsabilidad social, voluntad política mediante. El precio del cobre todavía más alto a lo previsto podría alimentarlo de modo significativo, en especial si se modifica el royalty que resultó ínfimo ante las increíbles ganancias que acumulan las mineras privadas con un recurso que es de todos los chilenos.
Si nada se quiere hacer en esta materia, es porque nada se quiere hacer para disminuir la desigualdad. Y, en ese caso, terminemos con los dobles discursos, declarémoslo con claridad y entonces que cada cual asuma su responsabilidad frente a la oportunidad histórica que se nos presenta con la prolongación de la bonanza del cobre.
Muy motivado y confiado en cumplir con las tareas que tiene por delante, se muestra el nuevo director del Departamento de Gestión y Políticas Públicas de la FAE, Dr. Pedro Ortega. El académico fue recientemente elegido y reemplaza al ex director subrogante de la unidad, profesor Gonzalo Martner. Expresa que "puedo apoyar mucho el desarrollo del departamento, por eso decidí postular al cargo".
Se señala que "el mercado premia a las empresas que voluntariamente tienen buenos gobiernos corporativos, y castiga a las que no lo tienen". Un precio de acción más alto o más bajo reflejaría esto. Sin embargo, surgen las siguientes interrogantes: (1) Cuando los fondos de pensiones en Chile tienen invertidos miles de millones de US$ en acciones y bonos de empresas domésticas, ¿habría que esperar la autorregulación de las empresas?. El caso Enron es emblemático: sus altos ejecutivos estaban en contra de la regulación del mercado. ((2) Dado que los controladores en Chile (grupos económicos) tienen un alto porcentaje en control de la propiedad de las empresas listadas en bolsa (sobre el 51%), esto es una externalidad negativa para los minoritarios (léase AFPs, la señora Juanita, etc). Claro está que hay factores de reputación que no los llevarán a licuar utilidades a través de partes relacionadas con el controlador, aunque, ¿depende de la renta en juego?; y un juicio legal por transacciones a precios por debajo de los de mercado podría ser muy largo. (3) Las investigaciones demuestran un magro aporte de los directores a las empresas (Mc Kinsey – Icare, 2004). Esta calificación se debió entre otras a la carencia de directores independientes. La figura del director independiente (aquel que restando los votos del controlador, igualmente saldría elegido) contenida en el proyecto de gobiernos corporativos, mitiga, o aminora la externalidad del control excesivo de los mayoritarios. La pregunta de un accionista cualquiera no es, ¿cuánto gana por comprar cierta acción?...la pregunta relevante es cuanto más pudo ganar aquel inversionista....o cuanto dejó de ganar. Así el director independiente genera más transparencia en este mercado. Y la señora Juanita podría tener una mejor pensión".
En los últimos días la salud chilena y en particular el AUGE han estado en entredicho. Todo comenzó con la evaluación que hizo la Contraloría de esta reforma, luego se invitó a María Soledad Barría al Congreso y finalmente se ha aprobado una comisión investigadora del Plan AUGE. Debido a que el tiempo apremia y la comisión investigadora tiene sólo un mes, creo que es importante considerar a forma de introducción las conclusiones de un estudio publicado en la Revista Española de Economía de la Salud el año pasado.
La evolución reciente de los mercados financieros ha tenido un efecto adicional en el nivel del tipo de cambio nominal del peso con el dólar. En estos días éste se encuentra en torno a $515 y no es esperable que suba en el corto plazo. Nuestras estimaciones son que en 2007 el tipo de cambio nominal promedio anual caiga 0,8% respecto a 2006. Normalmente cuando se observa una apreciación perdurable de la moneda nacional, comienzan también a hacerse frecuentes las quejas sectoriales por la supuesta pérdida general de competitividad que iría aparejada. Pero esta conexión que se hace entre competitividad y tipo de cambio nominal es errónea. Para entender por qué es importante recordar que la competitividad de una nación (si es que tal cosa puede definirse) está directamente ligada al nivel y variación de su productividad. Esta última, a su vez, depende de la innovación tecnológica, la institucionalidad de la economía y el ambiente micro y macroeconómico. El tipo de cambio nominal nada tiene que ver con esto. La variable relevante es el tipo de cambio real multilateral, el cual indica cómo evoluciona la razón entre los precios de los socios comerciales del país y los precios locales. Nuestra estimación es que el tipo de cambio real medio crecerá este año en 1,7% respecto a 2006, habrá caído 4% respecto a 2002 (cuando ocurre su peak) y crecido 13,3% respecto a 1999. Si consideramos el tipo de cambio real respecto a los cinco socios comerciales más relevantes de Chile, la caída respecto de 2002 será cercana a 8% y el aumento respecto de 1999 de 12%.
La Ley de Impuesto a la Renta establece la tributación de las rentas de acuerdo al origen de su generación, como también de acuerdo al domicilio del contribuyente, determinado una carga tributaria que es necesario conocer para evitar sobre saltos.