Francisco Castañeda
Académico Usach
Las teorías keynesianas, que gobernaron gran parte de la economía mundial entre el año 30 y la década de los 70, vuelven a resurgir con fuerza como corolario de la actual crisis internacional. Se afirmaba que el rol del Estado como estabilizador de la economía privada, la ayudaría a salir del estancamiento en que se encontraba. En este contexto, Estados Unidos aplicó el denominado "New Deal" (1933) o Nuevo Trato, con Roosvelt, que se tradujo en el nacimiento moderno del "Welfare State" americano (nuevo enfoque del rol del Estado en la economía). Paralelamente, países como Alemania habían sufrido hiperinflación posterior a la primera guerra mundial. Esto acabó con el ahorro privado, y el Estado y las empresas alemanas dependían fundamentalmente del crédito externo. En forma sin igual, Estados Unidos se había transformado en el principal proveedor de bienes alimenticios e industriales. Al mismo tiempo, se transformaba en el principal oferente de créditos al resto del mundo. Las ganancias de este comercio, se debían reinvertir a un ritmo acelerado, para mantener creciendo la masa de capital. Y se "completaban los mercados" con una creciente inversión y especulación en el mercado bursátil. Pero los precios de las acciones ya no reflejaban los fundamentos de las firmas; había una creciente sobrevaloración en el precio de los activos que no era consistente con el ingreso de la población norteamericana. Millones de acciones no encontraron compradores y llevaron a la ruina a miles de inversionistas (habían comprado las acciones con créditos que ya no podrían pagar) en la peor fase de la Gran Depresión.La historia es conocida: el New Deal implicaba un reordenamiento de la economía luego de la Gran Depresión, favoreciendo las inversiones, el crédito y el consumo, lo que tendría como efecto reducir el desempleo. También implicaba que este incremento del gasto público debía traducirse en mayor seguridad social y educación. Las teorías keynesianas y su aplicación concreta, se mantuvieron hasta los 70, años en que simultáneamente las economías industriales comienzan a experimentar inflación y desempleo. El resurgimiento de la vieja teoría monetarista en los 70 y 80 (de la mano de Friedman), reduce en la discusión y en la praxis, la influencia del Estado (no al menos en los países asiáticos!!) en la economía, sindicándolo como el gran responsable del fracaso del lento crecimiento económico y de la alta tasa de inflación.
Pero la crisis actual originada en un mercado financiero sofisticado, profundo y líquido, con un supuesto alto grado de autorregulación en los riesgos ("visión greenspaniana del mundo") nos lleva a plantear las mismas preguntas que los decisores de política económica se hicieron en los años 30. El shock fiscal expansivo en la economía chilena será esperado no sólo por empresarios ligados a gremios intensivos en empleo y en capital. También por los sectores más pobres y la clase media, a través de un mayor gasto fiscal directo (lo cual ya se está anunciando). También la liquidez fiscal y cuasifiscal debería chorrear a las PYMEs y no quedar entrampada en la evaluación comercial de los bancos locales. Habrá que modificar la forma en que operan los fondos de garantía empresarial para PYMEs para que los bancos nuevamente re-aumenten su apetito por este tipo de empresas, y aumentar el volumen de estas garantías crediticias. Con todo lo anterior, podría darse el caso que el gasto público el 2009 crezca más allá que el crecimiento del producto, lo cual sería un signo saludable en medio de la crisis. Se revitalizarían empresas privadas, empleo, consumo e inversión. Lo que el economista inglés, Keynes, ya predijo en la super crisis del año 1929. Y hoy, Estados Unidos y Europa están dando prueba de la aplicación de aquellas políticas fiscales.
La ley tributaria puede parecer complicada para el común de las personas, pero para quienes la estudiamos, la encontramos muy interesante por todas las derivaciones que es posible, dentro del marco legal, hacer de sus interpretaciones. Así ocurre con la Circular Nº 35 de este año, en donde el SII realizó una interpretación que, desde mi punto de vista, da nacimiento a una teoría muy interesante.
La evolución que ha tenido la crisis financiera internacional en los últimos dos meses ha sido, sin duda, bastante más negativa de lo que no mucho atrás se preveía. Asimismo, sus efectos en el Producto serán significativamente más potentes de lo que se anticipó. En este momento, y por primera vez, los analistas de mercado encuestados por el Wall Street Journal esperan tres trimestres consecutivos de caída en el PIB de los Estados Unidos: en el tercer trimestre de este año el crecimiento anualizado de esa economía habría sido -0,2%, llegaría a -1,2% en el cuarto trimestre y a -0,1% en el primero de 2009. La situación se modificaría en el segundo trimestre de 2009, proyectándose un crecimiento anualizado de 1,9%. Para todo el año próximo, la economía de EE.UU. se espera crezca 1,3% (contra 0,6% este año). 