Estonia y los mitos del nuevo paradigma
Circunscribir el relativo éxito de Estonia, que tiene un ingreso per cápita en dólares similar al chileno, y homologarlo mediante la aplicación de un impuesto plano es "extremadamente simplista e interesado".
En la ENADE 2007 se señaló ahora a Estonia como el ejemplo que Chile debería imitar. En efecto, como nación báltica, estaba dentro de la esfera socialista soviética hasta el colapso de la URSS, a finales de los 80. A principios de la década siguiente, los resultados eran desastrosos: inflación altísima, abultado déficit fiscal y corrupción extendida en todos los niveles. También, a esa fecha, el sistema tributario estonio era inoperante e incapaz de recaudar un mínimo socialmente deseable para que el Estado proveyera de manera adecuada bienes públicos.
Pero Estonia fue el primer país de la Europa del este que aplicó el flat tax o tasa de impuesto plano (en 1994), que consiste en poner una tasa tributaria semejante a las empresas y las personas (tasa que en principio fue de 26%, para bajar unos años después). Es así como el promedio de crecimiento entre 1995 y 2006 ha estado en torno a 6% y la inflación actual es de 3%. En consecuencia, algunos economistas de nuestro país señalan que Chile debería aplicar este esquema tributario de modo de alcanzar las mismas tasas de crecimiento.
La ventaja es que este flat tax sería fácil de aplicar y se pagaría sobre la base de la renta global (el total de ingresos de las personas). Además, evitaría las tentaciones de cambiarse de tasas (y tramos) según convenga. Pero, obvio, no contempla ninguna progresividad (los ingresos más altos deberían pagar mayores impuestos, la base de un sistema tributario progresivo), afectando a quienes tienen menores ingresos en términos del financiamiento del presupuesto público. Nunca se ha probado en países con sistemas de recaudación tradicionales. Por tanto, existe incertidumbre sobre si habrá mayor recaudación o no.
No existía en Estonia un sistema tributario organizado y eficiente al inicio del flat tax, por lo que su aplicación indudablemente llevó a saltos de recaudación tributaria (30% anual de incremento en la recaudación el primer año). Además, en países sin problemas distributivos graves y al inicio de una apertura de mercado, el impuesto plano puede funcionar bien, incrementando la eficiencia y la inversión (como el caso de Estonia, algo no necesariamente replicable a Chile).
No todo el éxito estonio ha sido debido al flat tax, como quieren popularizar los empresarios de la Enade. El impuesto plano es más probable que sea exitoso en las sociedades menos desiguales. Chile es de los países con peor distribución del mundo. En efecto, el coeficiente Gini reportado para Estonia es de 0,35, mientras para Chile es 0,57 ("United Nations 2006, Development Programme Report"), lo cual implica en nuestro caso una sociedad en extremo desigual. Además, esto entrega información sobre la factibilidad de aplicar una estructura tributaria plana: es menos costoso desde el punto de vista distributivo este esquema en países con menor desigualdad, como era la Europa del este postcomunista. Esta es la razón de por qué se ha popularizado tanto en estos países.
Algunos datos adicionales: más de 70% del comercio exterior de Estonia es con la Unión Europea (de la cual es miembro), lo cual lleva a que el sector servicios tenga un valor agregado en el PIB de más de 70%. La estabilidad de la Europa comunitaria y social hace su aporte en cuanto a mercados de destino, y a atracción de inversión extranjera. Estonia, también, posee una fuerte red de colegios técnicos y universidades, estatales y privados, con fuerte regulación del Estado. La educación superior alcanza una cobertura de 66% de las personas en edad de estudiar (cifras del Banco Mundial), mientras Chile tiene una cobertura para el mismo campo de alrededor de 35%.
Sobre la estructura tributaria y los incentivos que genera en la inversión, esto está fuera de discusión. No es que el sistema tributario chileno no sea perfectible (por ejemplo, se pueden bajar las más altas tasas del impuesto global complementario a las personas y elevar el impuesto a las empresas para así evitar arbitrajes tributarios). El punto es que circunscribir el relativo éxito de Estonia (que tiene un ingreso per cápita en dólares similar al chileno) y homologarlo a Chile, fundamentalmente mediante la aplicación de un impuesto plano (flat tax) para ricos y pobres, es "extremadamente simplista e interesado" en la fase de desarrollo actual de la economía chilena.
El año 2007 partió con expectativas de un crecimiento algo superior al potencial y una inflación en el nivel meta del Banco Central. Después de que en los últimos dos meses de 2006 el Imacec no superase el 4%, la mediana de las expectativas de crecimiento para 2007, medidas por la encuesta del Banco Central de enero, lo ubicaban en 5,2% y la inflación a diciembre en 3%. En los meses posteriores, hasta abril, el crecimiento esperado del PIB y la inflación esperada se mantuvieron en niveles muy cercanos a los de enero (5,3% y 2,8%, respectivamente, en abril). Es importante destacar que al formarse las expectativas respecto al crecimiento, el último Imacec conocido es el de dos meses atrás; así en abril de 2007 la expectativa de variación del Imacec de marzo (5%) tenía como último dato la variación efectiva de febrero (5,4%). No obstante, el aumento efectivo del Imacec de abril fue 7% (según las últimas correcciones recientes); no es muy sorprendente, por ello, que la expectativa de crecimiento para este año en junio subiese a 5,9% mientras la de inflación esperada a diciembre llegaba a 3,2%, igual valor que alcanzó la inflación acumulada en un año hasta junio de 2007.
La NIC 39 establece los criterios de reconocimiento y de valorización de los instrumentos financieros que incluyen a un conjunto amplio de transacciones que realizan los agentes económicos, los cuales tienen diferencias respecto a los criterios de tributación que están contenidas en la Ley de Impuesto a la Renta (LIR).